Posteado por: ccyeshuaenespanol | octubre 27, 2019

BOOZ SE CASA CON RUT – Rut capítulo 3 y 4

Después de que Rut había estado trabajando en el campo de Booz durante muchos meses ayudando a su suegra; un día Noemí le dijo a Rut:

“Hija mía, es tiempo de que yo te encuentre un hogar permanente para que tengas un porvenir asegurado. Booz es nuestro pariente cercano, y él ha sido muy amable al dejarte recoger grano con las jóvenes. Esta noche estará aventando cebada en el campo de trillar. Mira, haz lo que te digo. Báñate, perfúmate y vístete con tu ropa más linda. Después baja al campo de trillar pero no dejes que Booz te vea hasta que termine de comer y de beber. Fíjate bien dónde se acuesta; después acércate a él, destapa sus pies y acuéstate allí.”

Haré todo lo que me dices, respondió Rut. Así que esa noche bajó al campo donde se trilla el grano y siguió las instrucciones de su suegra.

 

Ahora, después de todo el trabajo duro, cuando Booz terminó de comer y beber, se acostó al otro extremo del montón de grano y se durmió. Entonces Rut se acercó sin hacer ruido, le destapó los pies y se acostó.

Alrededor de la medianoche, Booz se despertó de pronto y se dio vuelta. Entonces se sorprendió, ¡al encontrar a una mujer acostada a sus pies! ¿Quién eres? preguntó.

Soy Rut, su sierva, contestó ella. Extienda sobre mí el borde de su manto ya que usted es el redentor de mi familia. Booz estaba relacionado con el marido muerto de Noemí, Elimelec.

Entonces Booz le dijo: “¡El Señor te bendiga!” Muestras aún más lealtad familiar ahora que antes, pues no has ido tras algún hombre más joven, sea rico o pobre. Ahora, no te preocupes por nada. Yo haré lo que sea necesario, porque todo el pueblo sabe que eres una mujer virtuosa. 

Pero aunque es cierto que yo soy uno de los redentores de tu familia, hay un pariente más cercano que yo. Quédate aquí esta noche, y por la mañana hablaré con él. Si está dispuesto a redimirte, muy bien; que se case contigo. Pero si no está dispuesto a hacerlo, entonces, ¡tan cierto como que el Señor vive, yo mismo te redimiré! Ahora acuéstate aquí hasta la mañana.

Entonces, Booz fue a la puerta de la ciudad y allí se sentó. En ese momento, pasó por ese lugar el redentor de la familia que Booz había mencionado, así que lo llamó: “Amigo, ven, siéntate aquí. Quiero hablar contigo.” Así que se sentaron juntos. Enseguida Booz llamó a diez líderes del pueblo y les pidió que se sentaran allí como testigos.

Y Booz le dijo al redentor de la familia: “Tú conoces a Noemí, la que volvió de Moab. Está por vender el terreno que pertenecía a Elimelec, nuestro pariente. Pensé que yo debía hablar contigo para que pudieras redimir la tierra si deseas hacerlo. Si quieres la tierra, entonces cómprala ahora en presencia de estos testigos. Pero si no quieres la tierra, házmelo saber ahora mismo, porque, después de ti, soy el pariente más cercano para redimirla.

Después de pensar por un momento, el pariente redentor le dijo a Booz: “no puedo redimir la tierra porque esto pondría en peligro mi propia herencia. Redime tú la tierra; yo no lo puedo hacer.

Booz estaba muy contento, y en esos días era costumbre en Israel que cualquiera que transfiriera un derecho de compra se quitara la sandalia y se la entregara a la otra parte. Esto hacía válida la transacción de una manera pública. Entonces el otro redentor de la familia se quitó la sandalia mientras le decía a Booz: “Compra tú la tierra.”

Entonces Booz les dijo a los ancianos y a la gente que estaba alrededor: “Ustedes son testigos de que hoy le compré a Noemí toda la propiedad de Elimelec, Quelión y Mahlón. Además, junto con la tierra adquirí a Rut, la viuda moabita de Mahlón, para que sea mi esposa. Hoy todos ustedes son testigos.”

Así que Booz se casó con Rut y el Señor los bendijo con un hijo y lo llamaron Obed.

Obed llegó a ser el padre de Isaí y abuelo del Rey David. Entonces Ruth desempeñó un papel muy importante en la historia de la Biblia porque María la madre de Jesús era descendiente del Rey David. 

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Adiós, hasta la próxima vez. Hasta que nos reunamos de nuevo, no se olvide de decir sus oraciones obedecer a su mamá y papá y no te olvides de ir a la iglesia y escuela dominical el próximo domingo. 

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Posteado por: ccyeshuaenespanol | agosto 16, 2019

LA HISTORIA DE RUT Y NOEMÍ – Rut capítulo 1 y 2

Hace mucho tiempo había una familia que vivía en Belén de Judea. 

Elimelec y su esposa Noemí tuvieron dos hijos, Mahlón y Quelión. Entonces, un día hubo una gran hambruna en el área y decidieron irse en busca de comida.

Viajaron a la tierra cercana de Moab y se establecieron allí. El pueblo moabita no adoraba a Dios, sino que tenía sus propios ídolos.

Algún tiempo después, el esposo de Noemí, Elimelec, murió. Los dos hijos crecieron y se casaron con mujeres moabitas, una fue Rut y la otra Orfa.

Lamentablemente, después de que estuvieron allí, diez años la tragedia volvió a ocurrir y Mahlón y Quelión murieron. La Biblia no cuenta lo que les sucedió, solo nos dice que murieron. Sin embargo, fue muy triste porque dejó a tres viudas, Noemí y sus dos nueras moabitas, Rut y Orfa.

Entonces, un día, Noemí escuchó que el Señor había provisto comida para la gente en Belén, por lo que decidió regresar. Así que todos empacaron sus pertenencias para regresar a su tierra.

Noemí le dijo a sus dos nueras: ” Vuelva cada una a la casa de su madre, y que el Señor las recompense por la bondad que mostraron a sus esposos y a mí. Que el Señor las bendiga con la seguridad de un nuevo hogar y esposo.”


Entonces les dio un beso de despedida y todas se echaron a llorar desconsoladas. No, le dijeron, queremos ir contigo a tu pueblo. “No, debes volver a casa”, insistió Noemí. Puedes volver a casarte”.

Entonces volvieron a llorar juntas y Orfa se despidió de su suegra con un beso, pero Rut se aferró con firmeza a Noemí.

“Mira, le dijo Noemí, tu cuñada regresó a su pueblo y a sus dioses. Tú deberías hacer lo mismo.

“No me pidas que te deje”, respondió Rut. “A donde tú vayas, yo iré; dondequiera que tú vivas, yo viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras, allí moriré también”.

Cuando Noemí se dio cuenta de que Rut estaba decidida a quedarse con ella, no insistió más y ambas comenzaron su viaje en el camino a Belén.

Llegaron a Belén justo cuando comenzaba la cosecha de cebada. Su llegada causó una gran sorpresa. El dolor y el sufrimiento de Noemí habían cambiado tanto su apariencia que muchos no la reconocieron. “¿Puede ser Noemí?”, Preguntaba la gente.

“No me llames Noemí”, dijo. ‘Llámame Mara (que significa amargo) porque Dios ha amargado mi vida. Me fui con mi esposo y mis hijos, pero el Señor me trajo de regreso sin ellos.”

Después de que Noemí y Rut llegaron a Belén, necesitaban de comida. Entonces Rut le dijo a Noemí: “Déjame ir a los campos de cebada para recoger el grano sobrante”. A los pobres se les permitió recoger el grano que los cosechadores habían dejado en el suelo. “Está bien, hija mía, puedes ir“, respondió Noemí.

Entonces Rut fue a los campos que pertenecían a Booz, quien era pariente del marido muerto de Noemí, Elimelec. Más tarde llegó Booz y saludó a los cosechadores como siempre lo hacía. “¡El Señor sea con ustedes! “, y ellos respondieron: “¡El Señor lo bendiga!” 

Booz inmediatamente notó que Rut recolectaba grano con los pobres. “¿Quién es esa joven?”, Le preguntó al hombre a cargo de la cosecha. “Ella es la moabita, que regresó con Noemí”, respondió. “Ella pidió permiso para recoger grano y ha estado trabajando muy duro”. 

Entonces Booz fue a hablar con Rut. “Quédate aquí mismo con nosotros cuando recojas grano; no vayas a ningún otro campo. Sigue muy de cerca a las jóvenes que trabajan en mi campo. Fíjate en qué parcela están cosechando y síguelas. Advertí a los hombres que no te traten mal. Y cuando tengas sed, sírvete del agua que hayan sacado del pozo.”  

Rut se inclinó ante Booz. “¿Qué he hecho para merecer tanta bondad?, le preguntó. No soy más que una extranjera.

Booz le respondió: “Sí, lo sé —respondió Booz—; pero también sé todo lo que has hecho por tu suegra desde la muerte de tu esposo. He oído que dejaste a tu padre y a tu madre, y a tu tierra natal, para vivir aquí entre gente totalmente desconocida. Que el Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas viniste a refugiarte, te recompense abundantemente por lo que hiciste.”

Entonces Rut dijo: “Espero continuar siendo de su agrado, señor, respondió ella. Usted me consoló al hablarme con tanta bondad, aunque ni siquiera soy una de sus trabajadoras

Después, a la hora de comer, Booz la llamó: “Ven aquí y sírvete de la comida. Puedes mojar tu pan en el vinagre. De modo que Rut se sentó junto a los cosechadores, y Booz le dio a comer grano tostado. Ella comió todo lo que quiso y hasta le sobró.

Cuando Rut regresó a trabajar, Booz ordenó a sus trabajadores: “Déjenla recoger espigas aun entre las gavillas, y no se lo impidan. Además, arranquen de los manojos algunas espigas de cebada y déjenlas caer a propósito. ¡Permítanle recogerlas y no la molesten! Así que Rut recolectó el grano hasta bien tarde.

Luego separó el grano de la paja y había recogido aproximadamente una canasta de cebada, lo que equivale a aproximadamente 30 libras o (13,5 kilos). También le trajo a Noemí los restos de la comida que comió con Booz y los cosechadores.

¿Dónde recogiste todo este grano hoy? preguntó Noemí. ¿Dónde trabajaste? ¡Que el Señor bendiga al que te ayudó! Entonces Rut le contó a su suegra acerca del hombre en cuyo campo había trabajado. Le dijo: “El hombre con quien trabajé hoy se llama Booz. ¡Que el Señor lo bendiga! —le dijo Noemí a su nuera—. Nos muestra su bondad no solo a nosotras sino también a tu marido que murió. Ese hombre es uno de nuestros parientes más cercanos, uno de los redentores de nuestra familia.


Entonces Rut dijo: “Booz también me dijo que volviera y me quedara con sus trabajadores hasta que termine la cosecha. “¡Excelente!” – exclamó Noemí. Haz lo que te dijo, hija mía. Quédate con las jóvenes hasta que termine la cosecha. En otros campos podrían molestarte, pero con él estarás segura.

De modo que Rut trabajó junto a las mujeres en los campos de Booz y recogió grano con ellas hasta el final de la cosecha de cebada. Luego siguió trabajando con ellas durante la cosecha de trigo, a comienzos del verano. Y todo ese tiempo vivió con su suegra.

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Adiós, hasta la próxima cuando veremos lo que Dios tiene reservado para Rut y Noemí.

Hasta que nos reunamos de nuevo, no se olvide de decir sus oraciones obedecer a su mamá y papá y no te olvides de ir a la iglesia y escuela dominical el próximo domingo.

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Posteado por: ccyeshuaenespanol | abril 8, 2019

EN EL CAMINO HACIA EMAÚS – Lucas 24:13-49

En el tercer día después de que Jesús fue crucificado y puesto en la tumba, dos de sus discípulos caminaban por un camino fuera de Jerusalén. Una de ellos era Cleofas.

Ellos iban de camino a un pueblo llamado Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén.

Al ir caminando, hablaban acerca de las cosas que habían sucedido. Mientras conversaban y hablaban, de pronto Jesús mismo se apareció y comenzó a caminar con ellos; pero Dios impidió que lo reconocieran.


Él les preguntó: ‘¿De qué vienen discutiendo tan profundamente por el camino?’ Se detuvieron de golpe, con sus rostros cargados de tristeza. Entonces Cleofas, contestó: ‘Tú debes de ser la única persona en Jerusalén que no oyó acerca de las cosas que han sucedido allí en los últimos días.’

¿Qué cosas? —preguntó Jesús.

Jesús de Nazaret fue entregado por los principales sacerdotes para ser sentenciados a muerte y lo crucificaron’ explicaron los discípulos.  ‘Nosotros teníamos la esperanza de que fuera el Mesías que había venido para rescatar a Israel.’

No obstante, algunas mujeres de nuestro grupo de seguidores fueron a Su tumba esta mañana temprano y regresaron con noticias increíbles. Dijeron que el cuerpo había desaparecido y que habían visto a ángeles, quienes les dijeron ¡que Jesús está vivo! Algunos de nuestros hombres corrieron para averiguarlo, y efectivamente el cuerpo no estaba, tal como las mujeres habían dicho.

 

Entonces Jesús les dijo: ‘¡Qué necios son! Les cuesta tanto creer todo lo que los profetas escribieron en las Escrituras. ¿Acaso no profetizaron claramente que el Mesías tendría que sufrir todas esas cosas antes de entrar en Su gloria?’

Entonces Jesús los guió por los escritos de Moisés y de todos los profetas, explicándoles lo que las Escrituras decían acerca de Él mismo.

 

Cuando ya estaban cerca de Emaús y del final del viaje. Jesús hizo como que iba a seguir adelante, pero ellos le suplicaron: ‘Quédate con nosotros esta noche, ya que se está haciendo tarde’. Entonces los acompañó a la casa.

Al sentarse a comer, tomó el pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a ellos. De pronto, se les abrieron los ojos y lo reconocieron. ¡Era Jesús!

Y, en ese instante, Jesús desapareció. Entonces se dijeron el uno al otro: ‘¿No ardía nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?’

Así que los dos discípulos se levantaron de inmediato y corrieron de regreso a Jerusalén tan rápido como pudieron.

Llegando allí encontraron a los once discípulos y a los otros que se habían reunido con ellos, quienes decían: ‘¡El Señor ha resucitado de verdad! Se le apareció a Pedro.Luego los dos de Emaús les contaron cómo Jesús se les había aparecido mientras iban por el camino y cómo lo habían reconocido cuando partió el pan. Ahora la habitación donde se reunían estaba cerrada.

De repente Jesús apareció de pie en medio de ellos. ‘La paz sea con ustedes’, les dijo. Pero todos quedaron asustados y temerosos; ¡pensaban que veían un fantasma! ¿Te imaginas que Jesús caminó a través de una puerta cerrada? Yo también me habría asustado, ¿verdad?

Pero Jesús les preguntó ‘¿Por qué están asustados? ¿Por qué tienen el corazón lleno de dudas? Miren mis manos. Miren mis pies. Pueden ver que de veras soy yo. Tóquenme y asegúrense de que no soy un fantasma, pues los fantasmas no tienen cuerpo, como ven que yo tengo.’

 

Aun así, ellos seguían sin creer, llenos de alegría y asombro. Entonces les preguntó: ‘¿Tienen aquí algo para comer?’ Y le dieron un pedazo de pescado asado, y él lo comió mientras ellos miraban.

Entonces les abrió la mente para que entendieran las Escrituras, y dijo: ‘Efectivamente, se escribió hace mucho tiempo que el Mesías debería sufrir, morir y resucitar al tercer día. También se escribió que este mensaje se proclamaría con la autoridad de Su nombre a todas las naciones, comenzando con Jerusalén: “Hay perdón de pecados para todos los que se arrepientan”. Ustedes son testigos de todas estas cosas. Así que comenzando en Jerusalén, debes contar todo lo que ha sucedido.

Y antes de irse les dijo: ‘Ahora enviaré al Espíritu Santo, tal como prometió mi Padre; pero quédense aquí en la ciudad hasta que el Espíritu Santo venga y los llene con poder del cielo.’ Entonces Jesús una vez más desapareció de su vista.

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Vamos a ver qué pasa la próxima vez. Hasta que nos reunamos de nuevo, no se olvide de decir sus oraciones obedecer a su mamá y papá y no te olvides de ir a la iglesia y escuela dominical el próximo domingo.

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La palabra transfiguración significa “transformar, cambiar de apariencia”.


Así que veamos qué sucedió cuando Jesús llevó a Pedro, Santiago y Juan a una montaña alta para orar; y allí estaban todos solos.


Cuando llegaron a la cima de la montaña, Jesús comenzó a orar.


Pero los discípulos tenían mucho sueño debido a la larga caminata subiendo la montaña y se quedaron dormidos.


Mientras Jesús oraba, de repente, la apariencia de Su rostro cambió y se volvió brillante como el sol. Y su ropa se volvió blanca como la luz.


Dos hombres, Moisés y Elías, aparecieron en glorioso esplendor y estaban hablando con Jesús. Hablaron de las cosas que iban a sucederle a Jesús para cumplir con las Escrituras.


Pedro, Santiago y Juan se despertaron y vieron la gloria de Jesús y los dos hombres que estaban de pie con él. Se asustaron y Pedro dice: “Hagamos tres refugios, uno para Jesús, uno para Moisés y otro para Elías” (Pedro estaba tan aturdido que no sabía lo que estaba diciendo).

Es interesante que Pedro quería construir refugios para Moisés, Elías y Jesús. Tal vez él quería hacer un lugar como el tabernáculo en el Antiguo Testamento para ellos. O tal vez quería que se quedaran por un tiempo. (En el libro de Lucas 9:31 leemos que Jesús, Moisés y Elías hablaron sobre cómo los dejaría pronto y tal vez Pedro quería que se quedaran por un tiempo). De cualquier manera, Pedro nunca olvidó este evento. Escribió sobre esto más tarde, cuando escribió 2 Pedro 1:16-18, acerca de estar con Jesús en la montaña sagrada.

Ahora, mientras Pedro decía estas cosas, una nube descendió a su alrededor. Pedro, Santiago y Juan se asustaron cuando la nube los cubrió, pero una voz vino de la nube. La voz dijo: “Éste es mi Hijo, yo lo amo mucho y estoy muy contento con Él. Ustedes deben obedecerlo.” Cuando la voz terminó de hablar, solo Jesús estaba allí, y Pedro, Santiago y Juan estaban muy callados y no dijeron nada.


Despues, mientras bajaban del cerro, Jesús les ordenó que no le contaran a nadie lo que habían visto hasta que él, el Hijo del hombre, resucitara.  Pedro, Santiago y Juan guardaron el secreto, pero se preguntaban qué significaba aquello de resucitar.

 
¿Sabías que Dios quiere que nuestras caras brillen también?

Jesús dijo: De la misma manera, la conducta de ustedes debe ser como una luz que ilumine y muestre cómo se obedece a Dios. Hagan buenas acciones. Así los demás las verán y alabarán a Dios, el Padre de ustedes que está en el cielo. (Mateo 5:16)


Entonces, si caminamos con Jesús todos los días y lo obedecemos, otros verán que tenemos el amor de Jesús en nuestro corazón, ¡y verán Su reflejo brillando en nuestros rostros!

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Adiós, hasta la próxima vez. Hasta que nos reunamos de nuevo, no se olvide de decir sus oraciones obedecer a su mamá y papá y no te olvides de ir a la iglesia y escuela dominical el próximo domingo. 

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Posteado por: ccyeshuaenespanol | febrero 13, 2019

JESÚS CAMINA SOBRE EL AGUA – Mateo 14:22-36, Marcos 6:45-56

Llegó la tarde de un día movido en que Jesús había enseñado a más de 5.000 personas y milagrosamente las alimentó.


Entonces Jesús les dijo a Sus discípulos para entrar en un barco y remar a Betsaida que estaba en el otro lado del lago, y que Él se iba a unir a ellos más tarde.


Después de dispensar a la multitud, Jesús subió solo al monte para orar. Cuando anocheció, él todavía estaba allí, solo. Jesús sabía que Él tenía que estar cerca de su Padre celestial para que pudiera tener la fuerza para hacer Su voluntad cada día; así como debemos hacerlo también.

Cuando comenzó a oscurecerse, Jesús pudo ver que los discípulos habían remado unos 5-6 km. A esa altura, el barco ya estaba lejos, y estaba teniendo problemas a causa de las olas, y el viento fuerte que soplaba contra él.

Poco antes del amanecer, Jesús terminó de orar y comenzó a caminar, y el camino más rápido de regreso a Betsaida, era por el mar.


Cuando los discípulos lo vieron caminar sobre el agua, quedaron aterrados. Llenos de miedo, clamaron: “¡Es un fantasma!”

Pero Jesús les habló de inmediato: “No tengan miedo dijo. ¡Tengan ánimo! ¡Yo estoy aquí!”

Entonces Pedro lo llamó: “Señor, si realmente eres tú, ordéname que vaya hacia ti caminando sobre el agua.” “Sí, ven dijo Jesús.”

 

Los discípulos observaron a Pedro salir del barco con cuidado y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús. Pedro, al principio se quedó mirando intensamente a Jesús, pero después empezó a notar el viento y las olas en el agua y miró a su alrededor con preocupación.


Así que Pedro sacó los ojos de Jesús, se aterrorizó, empezó a hundirse y gritó: “Señor, sálvame.”


Entonces Jesús extendió la mano y agarró a Pedro. Jesús dijo: “¿Confías tan poco en mí, Pedro, por qué dudaste de mi?”


Así que Jesús entró en el barco, el viento se detuvo y el agua se calmó. Entonces todos en el barco adoraron a Jesús diciendo: “¡Verdaderamente eres el Hijo de Dios!” Y casi inmediatamente el barco llegó a la costa, que era en sí un otro milagro.


Después de atravesar el lago, llegaron a un lugar llamado Genesaret y allí bajaron. Cuando salieron del barco, la gente vio a Jesús e inmediatamente lo reconoció. Ellos corrieron para contar a los demás en todas partes en aquella área que Jesús estaba allí. Ellos trajeron a todos los enfermos a Él e imploraron que Él dejara a los enfermos apenas tocar el borde de Su manto, y todos los que lo tocaban eran curados.

Recuerde que cuando obedecemos a Cristo y nos concentramos en Él, las cosas van bien, pero cuando nos enfocamos sólo en el mundo, las cosas empiezan a empeorar. 

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Adiós, hasta la próxima vez. Hasta que nos reunamos de nuevo, no se olvide de decir sus oraciones obedecer a su mamá y papá y no te olvides de ir a la iglesia y escuela dominical el próximo domingo. 

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Posteado por: ccyeshuaenespanol | enero 5, 2019

LA CONVERSIÓN DE SAULO – Hechos 9:1-30

Saúl era un hombre muy enfurecido que perseguía a los cristianos. Él era un fariseo judío y no creía en Jesucristo como el Mesías.


Los judíos odiaban a los cristianos y trataban de matarlos cada vez que podían. Saulo acababa de estar presente cuando asesinaran a Esteban, quien amaba a Jesús y estaba predicando a los judíos acerca de Él cuando lo apedrearon hasta la muerte.


Después de la muerte de Esteban, los cristianos en Jerusalén sufrieron tanto que muchos se fueron a buscar nuevos lugares para vivir. Algunos viajaron al norte a la ciudad de Damasco.


Sin embargo, Saulo no iba a permitir que esto sucediera, así que fue al Sumo Sacerdote y le pidió documentos que le dieran permiso para ir a Damasco y arrestar a cualquiera de los que creen en Jesús.



Los papeles fueron entregados a Saulo y él partió a Damasco.


A medida que se acercaba a la ciudad, de repente una luz del cielo brilló a su alrededor y cayó al suelo. Oyó una voz que decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”

 

“¿Quién eres, Señor?”, Preguntó Saulo. “Soy Jesús, a quien estás persiguiendo”, respondió la voz. “Ahora levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer.”

 


Los hombres que viajaban con Saúl se quedaron mudos, porque oían el sonido de una voz, ¡pero no veían a nadie!. Saúl se levantó, pero cuando abrió los ojos no pudo ver, estaba ciego.

 


Entonces sus acompañantes lo llevaron de la mano hasta Damasco. Permaneció allí, ciego, durante tres días sin comer ni beber.


En Damasco había un discípulo de Jesucristo llamado Ananías. El Señor le habló en una visión, lo llamó: “¡Ananías! – ¡Sí, Señor! respondió.

 
El Señor le dijo: “Ve a la calle llamada Derecha, a la casa de Judas. Cuando llegues, pregunta por un hombre de Tarso que se llama Saulo. En este momento, él está orando. Le he mostrado en visión a un hombre llamado Ananías que entra y pone las manos sobre él para que recobre la vista.”

 


¡Pero Señor! exclamó Ananías. ¡He oído a mucha gente hablar de las cosas terribles que ese hombre les ha hecho a los creyentes de Jerusalén! Además, tiene la autorización de los sacerdotes principales para arrestar a todos los que invocan Tu nombre.

El Señor le dijo: “Ve, porque él es mi instrumento elegido para llevar mi mensaje a los gentiles y a reyes, como también al pueblo de Israel;  y le voy a mostrar cuánto debe sufrir por mi nombre.”


Así que Ananías fue y encontró a Saulo, puso sus manos sobre él y dijo: “Hermano Saulo, el Señor Jesús, quien se te apareció en el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo.”


Al instante, algo como escamas cayó de los ojos de Saulo y recobró la vista. Luego se levantó y fue bautizado por Ananías.

Después comió algo y recuperó las fuerzas.


Saulo se quedó unos días con los creyentes en Damasco.  

Y enseguida comenzó a predicar acerca de Jesús en las sinagogas, diciendo: “¡Él es verdaderamente el Hijo de Dios!”

Todos los que lo oían quedaban asombrados. “¿No es este el mismo hombre que causó tantos estragos entre los seguidores de Jesús en Jerusalén? se preguntaban. ¿Y no llegó aquí para arrestarlos y llevarlos encadenados ante los sacerdotes principales?”


 

Pero Saulo les explicó poderosamente que Jesús es el Mesías. Unos días después, algunos judíos que estaban en contra de Jesús conspiraron para matar a Saulo. Estaban planeando hacer lo mismo que Saulo vino a hacer en Damasco, pero ahora era a él a quien buscaban.


Vigilaban las puertas de la ciudad con la esperanza de atraparlo y matarlo. Pero Saúl se enteró de sus planes.

 

Entonces, los amigos de Saulo durante la noche, lo bajaron en un canasto grande por una abertura que había en la muralla de la ciudad para que pudiera escapar.


Una vez que Saulo partió de Damasco, regresó a Jerusalén, donde trató de unirse a los discípulos. Pero todos le tenían miedo, porque no creían que realmente era un discípulo.


Sin embargo, Bernabé explicó que Saulo era ahora un cristiano, y cómo había predicado en Damasco que Jesús es el Hijo de Dios. Entonces los apóstoles le dieron la bienvenida a Saulo, y él comenzó a hablar audazmente acerca de Jesús en Jerusalén.


Pero una vez más, cuando comenzó a hablar de Jesús en Jerusalén, intentaron matarlo allí también.


Para proteger a Saulo, los creyentes lo llevaron al puerto de Cesarea y lo enviaron de regreso a su ciudad natal de Tarso. Saulo era su nombre judío, pero como ciudadano romano también tenía el nombre latino que era “Pablo”.

El apóstol Pablo desde entonces sufrió muchas persecuciones. En lugar de ser la persona que hirió a otros cristianos, fue persiguió por el amor de Cristo.

Dios tenía un trabajo especial para Pablo, y puede también tener un gran trabajo para ti. Así que prepárate y siempre aprovecha cada oportunidad para aprender más acerca de Jesucristo, quien es nuestro Señor y Salvador.

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Adiós, hasta la próxima vez. Hasta que nos reunamos de nuevo, no se olvide de decir sus oraciones obedecer a su mamá y papá y no te olvides de ir a la iglesia y escuela dominical el próximo domingo. 

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Posteado por: ccyeshuaenespanol | diciembre 17, 2018

ZAQUEO SE ENCUENTRA CON JESÚS – Lucas 19: 1-10

En esta historia nos encontraremos con un hombre que no era muy querido en su ciudad; y la razón era que Zaqueo era el principal recaudador de impuestos para los romanos y también era un estafador. Se hizo bastante rico porque mientras estaba haciendo su trabajo recaudando impuestos, siempre hacía trampa y cobraba más para poder acumular riquezas para sí mismo.


Ahora, Jesús y Sus discípulos se dirigían a Jerusalén y pasaban por la ciudad de Jericó, donde vivía Zaqueo.



En aquel día, Zaqueo miró a la carretera que entraba en Jericó y vio a una multitud de personas viniendo en su dirección. Él no sabía que Jesús venía, pero una gran multitud se estaba reuniendo porque todos querían verlo.


Cuando descubrió lo que estaba sucediendo, quería desesperadamente ver a Jesús, pero la multitud estaba bloqueando su visión. Siendo un hombre bajo, no podía ver a las personas más altas frente a él, e incluso quedando en la punta de los pies, todavía no podía ver lo que estaba sucediendo.


Así que tuvo una idea, corriendo delante, se subió a un sicómoro para verlo, porque había de pasar por allí. No le importaba si parecía tonto haciendo eso. ¡Sólo quería ver a Jesús!

Y así fue, Jesús pasó directamente por allí y cuando llegó cerca del árbol, Él miró hacia arriba y dijo: “Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa.”

“¡Guauu! Zaqueo pensó para sí mismo, ¿cómo sabe mi nombre?” ¡Pero Él lo sabe! ¡Y Él quiere venir a mi casa!

Zaqueo estaba tan feliz que apenas podía creerlo, por lo que bajó del sicómoro lo más rápido que pudo, llevó a Jesús a su casa y lo recibió calurosamente en su hogar. Pero la gente se quejaba y se preguntaba cómo podía Jesús ir a la casa de un pecador tan grande. Y no estaban muy felices por eso.

Ellos habían pasado todo el día bajo el ardiente sol siguiendo a Jesús, y ahora Él había elegido quedarse en la casa de Zaqueo, el recaudador de impuestos deshonesto. Entonces, comenzaron a criticar a Zaqueo y muchos decían: “¡Este hombre es un gran pecador!” Y alguien más dijo: “¡Engaña y roba a su propio pueblo!”

Zaqueo oyó lo que la gente estaba diciendo sobre él y sabía que tenían razón. Ahora que Jesús era un invitado en su casa; él reconoció cuan malo que había sido y tuvo un gran deseo de hacer las cosas bien.

Entonces le dijo a Jesús: “¡Escucha, Señor! ¡Daré la mitad de todo lo que tengo a los pobres! ¡Y si engañé a alguien, le pagaré cuatro veces más!


Jesús le dijo a Zaqueo, ¡hoy ha llegado la salvación a esta casa! Lo que estabas haciendo estaba mal, pero ahora has hecho la cosa correcta. ¡Estabas perdido, pero ahora has sido salvo!

¡Todos sabemos que Jesús vino a buscar y salvar a los perdidos! Es por esto que Dios envió a Su Hijo Jesús a venir a la tierra.

Para encontrar a los que no conocieron a Dios y se perdieron, y para mostrarles quién es Dios, para que puedan arrepentirse y ser perdonados y un día vivir para siempre en el cielo con Él.

 

¡Jesús también te conoce! Jesús te conoce por tu nombre, así como Él conocía a Zaqueo. Él quiere venir y decirte cuánto te ama. Él quiere contarte las buenas nuevas de la salvación.

 

!Todo lo que tienes que hacer es invitarlo a entrar!

 

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Adiós, hasta la próxima vez. Hasta que nos reunamos de nuevo, no se olvide de decir sus oraciones obedecer a su mamá y papá y no te olvides de ir a la iglesia y escuela dominical el próximo domingo. 

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Posteado por: ccyeshuaenespanol | julio 30, 2018

MOISÉS CONSTRUYE EL TABERNÁCULO DE DIOS – Éxodo 25 – 40


Cuando Moisés estaba en el Monte Sinaí, Dios le dio instrucciones para construir un lugar donde pudiera vivir entre ellos.


Se llamaría un Tabernáculo, hecho de materiales que podrían empacarse y moverse mientras viajaban por el desierto.


Dios le dijo que necesitaría metales costosos, madera fina, cuero, telas ricas, hilos teñidos, madera y piedras preciosas para hacer el Tabernáculo. Los egipcios habían dado a los esclavos hebreos regalos caros cuando salieron de Egipto, pero ¿estarían dispuestos a dar una parte de estos a Dios?

 

Éxodo 35:4-29, cuando Moisés bajó de la montaña, les dijo a todos, ‘Dios quiere que aquellos que están dispuestos a traer sus ofrendas para que construyan un Tabernáculo. Necesitamos metales y piedras preciosas, madera de acacia, lino y tela. También necesitamos trabajadores calificados’.


Cada mañana la gente voluntariamente venía y daba sus ofertas para hacer el Tabernáculo. Trajeron joyas y objetos de oro, plata y bronce, pieles de carnero, cuero y madera de acacia.

La gente estaba feliz de dar lino fina, pelo de cabra e hilos costosos en azul, púrpura y escarlata. Otros dieron aceite de oliva, especias y piedras preciosas.


Éxodo 35:30-35, Dios le había dicho a Moisés que Bezalel y Aholiab, dos buenos artesanos, deberían ser puestos a cargo de la obra. Ellos estaban llenos del Espíritu de Dios y tenían todas las habilidades necesarias para diseñar artísticamente con metales, madera y otros materiales lo que tenía que ser hecho.

Éxodo 36:1-7, otros trabajadores calificados se unieron a ellos para hacer todo lo que Dios requería.


Cada mañana la gente seguía viniendo para traer sus ofrendas. Pronto tuvieron más de lo que necesitaban y Moisés les dijo que dejaran de dar.


Éxodo 38:9-20, En el plan de Dios, debía haber un gran patio (150 pies x 75 pies o 46 metros x 23 metros). Había 20 postes en los lados más largos y diez en los lados más cortos, cada uno de madera con una base de bronce, y sus ganchos y anillos eran de plata. Las cortinas de lino finamente retorcidas se hicieron para ir entre estos postes. 

La entrada del Tabernáculo siempre se debía establecer en el lugar orientado hacia el Este. Para la entrada se hicieron cortinas de hilo azul, púrpura y escarlata finamente bordado y lino finamente retorcido.


Dentro del patio, el Tabernáculo (45 pies x 15 pies, 13.5 metros x 4.5 metros) se mantendría. Se construyó una fuerte estructura de madera y se hicieron cuatro cubiertas para repasarlo. Primero, había finas telas bordadas, luego una capa de pelo de cabra, sobre la cual una capa de pieles de carnero teñidas de rojo. En la parte superior había una cubierta hecha de una piel de animal azulada.


Éxodo 36: El Tabernáculo debía dividirse en dos salas separadas por un grueso velo de lino fino bordado con figuras de ángeles en azul, púrpura y escarlata. Solo a los sacerdotes se les permitiría entrar al Lugar Santo.


A nadie se le permitiría detrás del velo en el Lugar Santísimo aparte del Sumo Sacerdote. Él entraría una vez al año para traer la sangre de un animal sacrificado para hacer las paces con Dios por sus pecados.


Éxodo 37:1-9, El único objeto hecho para entrar al Lugar Santísimo era un arca hecha de madera de acacia cubierta de oro. La cubierta (el asiento de piedad) estaba hecha de oro puro con dos querubines uno frente al otro, cuyas alas se juntaban y se extendían sobre la cubierta. Fue sobre esta cobertura que la presencia de Dios estaría.



Se hicieron postes de oro y luego los pasó a través de las argollas que estaban a los costados del arca, para poder transportar el arca en sus viajes.


Éxodo 37:10-16, una mesa hecha de madera de acacia cubierta de oro fue hecha para el Lugar Santo. También tenía postes dorados para llevarlo. También hizo de oro puro los utensilios que debían estar sobre la mesa, es decir, sus platos, cucharones, jarras y copas. Colocados sobre la mesa cada semana había 12 panes que representaban a las 12 tribus de Israel.


Se hizo un candelabro con siete ramas hechas de oro puro para iluminar el Lugar Santo.


Éxodo 37:25-29, Hicieron un altar de oro que también era parte del Lugar Santo. Los sacerdotes usarían esto para quemar incienso puro de especias dulces todas las mañanas y tardes para hacer un aroma agradable a Dios.


Éxodo 38:8, Para que los sacerdotes pudieran lavarse las manos y los pies antes de servir a Dios en el Tabernáculo, se hizo un gran lavabo de bronce. Debía ser colocado en el patio frente al Lugar Santo.



Éxodo 38:1-7, El altar de los holocaustos fue hecho de forma cuadrado de madera de acacia cubierto de bronce para ir al patio. Para sus cuatro esquinas le hizo cuatro cuernos, y estaban recubiertos de bronce.

El altar se usaría para que las personas traigan un animal macho sin defecto, sea ganado, ovejas, cabras (o pájaros si fueran pobres). Las personas pondrían su mano sobre el animal para mostrar que se les estaba ofreciendo hacer las paces con Dios (Levítico 1:4).

El animal sería sacrificado y su sangre rociada sobre el altar. Esta sangre derramada hizo posible que Dios los perdonara por las cosas incorrectas que habían hecho. El animal luego sería quemado en el altar.

 


Éxodo 39, Las vestimentas para los sacerdotes estaban hechas de lino blanco. Una vestimenta especial fue hecha para el Sumo Sacerdote, Aaron. Tenía una túnica azul sin mangas.


Hicieron también campanitas de oro puro y las combinaron con las granadas, poniéndolas entre ellas alrededor de todo el borde. Cuando el sumo sacerdote entró en el Lugar Santísimo, las personas que estaban afuera podían oír las campanas mientras él se movía y sabía que todavía estaba vivo.

Sobre el manto se usaba un efod ricamente bordado de oro, azul, púrpura y escarlata. Estaba hecho en dos piezas unidas en los hombros con broches dorados. Cada broche se estableció con una piedra de ónix grabada.

En su cabeza, el Sumo Sacerdote llevaba un turbante hecho de lino fino que estaba enrollado alrededor de la cabeza en rollos.

En el frente del turbante en la frente de Aarón, sujeto por una cinta de encaje azul, había una placa de oro grabado, ‘Consagrado al Señor’.



Se hizo un pectoral especial para el sumo sacerdote. Tenía 12 piedras preciosas, cada una grabada con el nombre de una de las 12 tribus de Israel. (Una lista de las piedras se encuentra en Éxodo 39:10-13).


Éxodo 40. Cuando todo estaba listo, se estableció el Tabernáculo en medio del campo con tres tribus acampando en cada lado. Los muebles del Tabernáculo se pusieron en posición.



Moisés colocó las dos tablas de piedra que contienen las leyes de Dios en el Arca y puso la cubierta sobre ella.



Cuando todo terminó, y Aarón y sus hijos se lavaron y se pusieron sus ropas, la gloria de Dios llenó el Tabernáculo.


La nube de Dios estaba sobre él durante el día y el fuego de Dios todas las noches. Cuando la nube se levantaba de encima del santuario, los israelitas levantaban su campamento y seguían su camino, pero si no se levantaba la nube, tampoco ellos levantaban su campamento, sino que esperaban hasta que la nube se levantaba. A lo largo de todo el viaje de los israelitas, y a la vista de todos ellos, la nube del Señor estaba sobre el santuario durante el día, y durante la noche había un fuego sobre él y la presencia de Dios permanecía con ellos dondequiera que estuviesen.

* * * * * * * 

Adiós, hasta la próxima vez. Hasta que nos reunamos de nuevo, no se olvide de decir sus oraciones obedecer a su mamá y papá y no te olvides de ir a la iglesia y escuela dominical el próximo domingo. 

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Posteado por: ccyeshuaenespanol | junio 19, 2018

EL BECERRO DE ORO – Éxodo 32 – 34

Ahora mientras Moisés estaba en la montaña antes de bajar con los 10 mandamientos que Dios le había dado, la gente que estaba abajo rápidamente olvidó lo que habían prometido. Apenas unos días después de haber escuchado la poderosa voz de Dios y haber visto Su gloria y poder, volvieron a su manera perversa y engañosa. 

Escuchar la ley de Dios Todopoderoso no cambió a estas personas. Todavía eran pecaminosos y rebeldes. El propósito de los mandamientos era mostrar a las personas la santidad de Dios y cómo vivir bien. La ley en sí no podría cambiar sus corazones.

 

Ahora, mientras Moisés estaba en el Monte Sinaí durante 40 días y noches, y tardaba mucho en bajar de la montaña del Sinaí, los israelitas se reunieron con Aarón y le dijeron:

 

Moisés nos sacó de Egipto, pero ahora no sabemos qué le sucedió. Es mejor que hagas un dios, para que sea nuestro guía y protector.

 

Aarón les contestó: Para eso necesito oro. Así que tráiganme las joyas que llevan puestas sus esposas, sus hijos y sus hijas.

 

Ellos se las llevaron a Aarón, y él las tomó y las fundió, y trabajó el oro hasta darle la forma de un becerro. Al verlo, el pueblo dijo: “¡Israel, aquí tienes a tu dios que te sacó de Egipto!”

 

Cuando Aarón vio esto, le construyó un altar al becerro, y le anunció al pueblo: “¡Mañana tendremos una fiesta en honor de nuestro Dios!”

 

Al día siguiente, todos se levantaron muy temprano y ofrecieron en el altar sacrificios y ofrendas para pedir perdón a Dios. Después de comer y beber, se pusieron a bailar.

 

Mientras tanto, Moisés, que todavía estaba en lo alto del Monte Sinaí, fue instruido por Dios. Baja ya de la montaña, porque el pueblo que sacaste de Egipto se está portando muy mal. ¡Qué pronto se han olvidado de obedecerme! Han fabricado un becerro de oro, y lo están adorando. Le han ofrecido sacrificios y dicen que ese toro soy yo, y que los sacó de Egipto. Los he estado observando, y me he dado cuenta de que son muy tercos. 

Dios estaba tan enojado por su desobediencia que le dijo a Moisés que quería destruirlos.

 

Pero Moisés le suplicó al Señor su Dios. Moisés dijo: “Señor, no permitas que tu ira destruya a tu pueblo”. Sacaste a esta gente de Egipto con tu gran poder y fuerza. No dejen que el pueblo de Egipto diga: ‘El Señor sacó a los israelitas de Egipto. Pero él planeó matarlos en las montañas y destruirlos de la tierra. ‘Así que deja de estar enojado. No destruyas a tu gente.

 

Entonces Moisés bajó de la montaña. En sus manos llevaba las dos tablas de piedra que Dios mismo había preparado, y en las que había escrito la ley por ambos lados. Dios mismo había hecho las piedras. Y Dios mismo había escrito los mandamientos en las piedras.

 

A mitad de camino Moses se encontró con Josué que lo había estado esperando. “Parece que hay una guerra en el campamento”, dijo Josué. “No es el sonido de la victoria o la derrota”, respondió Moisés, sino que oigo voces de canto’.

 

Cuando Moisés llegó al campamento vio a la gente bailando y al ver al becerro, se enojó tanto

que allí mismo, al pie de la montaña, arrojó contra el suelo las tablas de la ley y las hizo pedazos.

Luego fue y echó el becerro al fuego, lo molió hasta hacerlo polvo, y mezcló el polvo con el agua. Entonces les dijo a los israelitas: “¡Ahora, beban!”

 

Moisés se volvió contra Aarón. “¿Qué te hicieron estas personas, que las condujiste a una gran desobediencia?” Y Aarón le contestó: Por favor, no te enojes conmigo. Tú bien sabes que a este pueblo le gusta hacer lo malo. Ellos me pidieron que les hiciera un dios que los guiara y protegiera, porque no sabían lo que había pasado contigo. Entonces les pedí oro y ellos me lo trajeron. Yo tan sólo eché el oro al fuego, ¡y salió este becerro! 

  • Como vemos, Aaron y la gente ya habían rompieron el primer mandamiento, que habían recibido tan recientemente que dice: No debes tener ningún otro dios excepto yo.
  • Y ahora Aaron estaba rompiendo el noveno mandamiento que dice no mientas.

 

Moisés se paró a la entrada del campamento y dijo: “Los que estén de parte del Dios de Israel, vengan conmigo.”

 

Y todos los de la tribu de Leví se unieron a Moisés. Moisés les dijo que sacaran sus espadas y llevaran a cabo el castigo de Dios sobre aquellos que lo habían desobedecido.

 

Después de esto Moisés convocó al resto del pueblo y les dijo. “Ustedes han cometido un pecado terrible. Por eso voy a subir a la montaña para hablar con Dios, a ver si él los perdona.”

 

Moisés subió a la montaña para pedirle a Dios que perdonara a su pueblo por su desobediencia. 

Dios le dijo a Moisés que aquellos que habían adorado al toro de oro serían castigados con una plaga, pero el resto sería llevado a la tierra que Dios les había prometido.

 

El Señor le dijo a Moisés: “Tráeme dos tablas de piedra, como las que te di antes. En ellas escribiré las mismas leyes que estaban en las que rompiste. Prepárate para subir mañana temprano a la montaña del Sinaí. Quiero verte en la parte más alta. Nadie debe acompañarte; no quiero ver gente, ni ovejas ni vacas por allí.”

 

Moisés hizo dos tablas de piedra iguales a las primeras, y al día siguiente muy temprano subió a la montaña.  Dios bajó en una nube, y allí se reunió con Moisés y le dio a conocer su propio nombre. 

Luego Moisés grabó en dos tablas nuevas de piedra una copia de los mandamientos que Dios le había dado. Estas fueron las leyes que Dios dio para que todos obedezcan. 

Cuando leemos los 10 mandamientos, nos damos cuenta de cuán santo es Dios y cuán pecaminosos somos. Para ser perdonados, debemos confiar en su hijo Jesús, que pagó la multa por nuestra violación de la ley, tal como lo hicieron los israelitas. La Biblia dice que ‘el mandamiento es como un maestro de escuela para llevarnos a Cristo para que por medio de la fe podamos enmendarnos con Dios’. Gálatas 3:24 

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Adiós, hasta la próxima vez. Hasta que nos reunamos de nuevo, no se olvide de decir sus oraciones obedecer a su mamá y papá y no te olvides de ir a la iglesia y escuela dominical el próximo domingo. 

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Posteado por: ccyeshuaenespanol | febrero 21, 2018

¿Quien Es un Buen Amigo?

Jesús es nuestro mejor amigo. 

Entonces, veamos qué nos dice la Biblia acerca de ser un buen amigo.

 

Un Verdadero Amigo es Fiel

La Biblia dice:

Un amigo ama en todo momento.

(Proverbios 17:17)

Entonces, los verdaderos amigos no se abandonan cuando los tiempos son malos.

 

 

Un Verdadero Amigo No Chismea

La Biblia dice que:

Una persona mala cuenta historias que no son ciertas y separa a los amigos cercanos.

(Proverbios 16:28)

 

Un Verdadero Amigo Guarda un Secreto

La Biblia dice que:

Un buen amigo guarda un secreto.

(Proverbios 11:13) 

Podrían decirle a un adulto el secreto solo cuando su amigo podría estar en peligro.

 

Un Verdadero Amigo es Amable

 

Los amigos se tratan como quisieran ser tratados. 

Jesús dijo: Los he llamado amigos.

(Juan 15:15) 

¿Cómo puedes ser un buen amigo? Puedes ser un ejemplo como Jesús y tu

podría mostrar amabilidad al caminar con alguien que tiene miedo de caminar solo.

 

Para Encontrar un Amigo, Tenemos Que Ser un Amigo

Invita a alguien a ir a la iglesia contigo.

 

Elige a Tus amigos Con Cuidado

Es muy importante elegir a tus amigos sabiamente porque la Biblia nos dice:

Quien pase tiempo con personas sabias se volverá sabio. Pero aquellos que hacen amigos con los tontos sufrirán.

(Proverbios 13:20) 

Si haces amigos con buenas personas, aprenderás unos de otros. Y si te haces amigo de gente mala, te enseñarán cosas malas y te llevarán a problemas.

Buenos Amigos

 

Se divierten compartiendo el amor de Jesús y diciéndole a los demás acerca de Él. 

 

Amigos Verdaderos Comparten

 

Su tiempo con aquellos que tienen necesidades y no pueden hacer actividades como ellos pueden. 

La Biblia nos dice que seamos amables y amamos el uno al otro.

(Efesios 4:32)

 

Los Verdaderos Amigos Oran Juntos

 

Uno por otros y por aquellos que están enfermos o que tienen una necesidad especial.

 

Los Verdaderos Amigos se Aman

 

A veces es difícil amar a alguien porque algunos amigos son malos con nosotros o nos llaman por sus nombres. A veces se burlan de nosotros o nos lastiman. Pero Dios quiere que amemos a todos, incluso si no nos gusta lo que nos hacen. 

Recuerda, ¡nos amamos porque Dios nos ama! Y tal vez podamos tener la oportunidad de enseñarle a otra persona el amor de Jesús, simplemente por la forma en que nos comportamos.

 

Verdaderos Amigos Aman la Adoración

Les gusta adorar juntos y alabar a Dios con sus voces.

 

Mejores Amigos

Les encanta estudiar la Biblia juntos.

 

 

Los Mejores Amigos se Mantienen Unidos

 

Los amigos vienen y los amigos se van, pero un verdadero amigo te sigue más fiel que un hermano o una hermana.

(Proverbios 18:24)

 

 

Es un regalo de Dios

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Adiós, hasta la próxima vez. Hasta que nos reunamos de nuevo, no se olvide de decir sus oraciones obedecer a su mamá y papá y no te olvides de ir a la iglesia y escuela dominical el próximo domingo.

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